La sociedad en la que vivimos destruye la creatividad. La tritura y la sepulta bajo capas y capas de responsabilidad y de tiempos. Nos formamos con un sistema
educativo diseñado para que salgamos siendo todos iguales, grandes memoristas pero sin capacidad creativa, crítica o de pensamiento propio. Alguna vez,
algún grandioso docente con vista de halcón se da cuenta que alguien tiene algo más que explotar y lo incita a hacerlo, aunque quien podría exigirles más
vista con la cantidad de trabajo que tienen encima.