domingo, 10 de enero de 2016

Ciega, no idiota.

Hoy os voy a contar como es ser discapacitado, desde dentro. Y en el primer capítulo, cuando la gente confunde discapacidad con estupidez.
A lo largo de mis 21 añitos como ser vivo y discapacitada visual, (o introduzca la denominación que le parezca políticamente más correcta), me he enfrentado muchas veces a la incomodísima y tan común situación de que mi ceguera, en un primer momento,  destacase sobre los demás rasgos de mi persona. Pero para ser realista esto es normal y no tiene nada de malo. Todos sentimos curiosidad hacia aquello que nos resulta desconocido. Lo que ya no es tan normal, o mejor dicho tan lógico, es que por el hecho de tener una discapacidad, del tipo que sea, la gente (aquella que no te conoce, porsupuesto) asuma que tu capacidad mental es menor a la de cualquier persona, e intente adecuar la conversación al que se supone que debe ser  tu nivel intelectual. Vamos, lo que se conoce en mi casa como tratarte como si fueses idiota.



Y no solo con las personas con discapacidad física, también con aquellas que sufren cualquier diversidad intelectual. Un dato: a nadie le gusta que lo traten como si fuese tonto, y tener una discapacidad, sea del tipo que sea, no es sinónimo de serlo, ni mucho menos. Tampoco os motiveis, a ver si vais a ir hablándole de física cuántica o termodinámica al primer discapacitado que veais por ahí. Estudios recientes de la universidad de Kentaki, (sí, Kentaki, así, como lo lees) han demostrado que es posible conversar con una persona discapacitada sin utilizar ni la condescendencia ni la compasión durante el proceso. Sé que parece algo completamente revolucionario, pero si lo dicen será verdad, ¡que es la Universidad de Kentaki! No me malinterpreteis, agradezco a todas aquellas personas que me han ayudado cuando me han visto en un apuro. En mi infinita generosidad os comparto algunos ejemplos de frases que escucho con demasiada asiduidad:
·-"¿Qué te pasa, guapa? ¿estás enfadadita?"
·-"¿tienes muchos amiguitos?"
·-"¡Qué niña más guapa! (con tono paternalista, porsupuesto)"
· y un bonus track: -"pobrecita mía, qué lástima".
En el principio de los tiempos, con mi ingenuidad infantil, pensé que esa manera de tratarme se debía a mi edad, pero más de 15 años después sigo escuchando las mismas frases, con una mezcla de lástima, rabia, indignación y mucho sentido del humor.
Pero si tú eres una de estas personas, no te preocupes, puedes cambiar, sólo tienes que dirigirte a nosotros de la misma forma en que lo harías si no fuésemos discapacitados. Te lo agradeceremos. O tal vez no, pero nos ahorrarás la incomodidad, y seguro que se considera buena obra,  Y sumará puntos para ir al cielo o algo.

4 comentarios:

  1. Excelente!!! Muy buen trabajo May. Tenes toda mi admiración.

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    1. Gracias, Yani. ¡Y gracias también por comentar!

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  2. Impresionante, me encanta como te expresas, con todas las letras muy bien dicho
    ��

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    1. ¡Muchas gracias! Me alegra que te haya gustado. Hay que decir las cosas claras siempre, para que la gente las entienda. Si nos vamps por las ramas o usamos palabros rarunos... la gente al final no pilla el concepto! (¡o es lo que me pasa a mí!)

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